
Tres cambios en el once titular del Sporting para dar un giro a la imagen ofrecida el pasado lunes en El Molinón. Cuenca, Konrad y Duñabeitia sustituyeron a Diego Sánchez, Sarco y Gularte, respectivamente. Larcamón planteó un sistema asimétrico —algunos lo llamarán defensa de cuatro, otros defensa de cinco— en el que el carril derecho era para Guille Rosas, con ayudas constantes de Konrad, mientras que en el lado izquierdo el recién llegado Cuenca asumía ese papel de central/lateral que tanto vimos con Pascanu en la 23/24, con Iosifov actuando esta vez sí con un papel más cercano al de extremo que al de carrilero.

Como podemos ver en los anteriores mapas de calor, el Sporting no juega igual por un lado que por el otro. Guille es un lateral con mucha llegada al área rival durante todo el partido, lo que permite a Konrad explorar zonas interiores en muchas fases del encuentro. En el otro costado, Cuenca fue clave en la salida de balón con tres centrales —en esta fase actuando como central—, dejando claro que su fichaje supone un importante salto de calidad. El cordobés demostró tener una gran calidad técnica y entender perfectamente el juego, sabiendo cuándo tenía que incorporarse al centro del campo para arrastrar a su marca y liberar a Nikita en la banda, facilitando su recepción.
También supo detectar muy bien cuándo debía mantenerse abierto, con posibilidad de conducir para dividir a la defensa rival. Fruto de estas habilidades llegó el gol, tras una gran conducción y un pase a la espalda de la defensa burgalesa que Otero no perdonó.
A diferencia de hace una semana, el Sporting salió desde el minuto 1 con la intención de meter al rival en su campo y convencer a su gente de que iba a ser ese equipo valiente y protagonista que se había prometido durante la pretemporada. Enfrente, un Burgos que venía de ganar al Córdoba y que, con un dibujo de 1-4-2-3-1 en fase de posesión, no fue capaz de salir con la pelota limpia en prácticamente ninguna situación. El juego directo, por su parte, estuvo perfectamente controlado por una gran actuación de los centrales rojiblancos, con especial mención para Pablo Vázquez.
Una de las grandes diferencias respecto al partido contra el Sabadell estuvo en la presión al poseedor del balón. Una presión mucho más agresiva y adelantada permitió al Sporting no sufrir prácticamente a las espaldas de sus centrales, transmitiendo una sensación de control total durante gran parte del encuentro. Otero, Gelabert, Nikita, Konrad y uno de los centrocampistas —dependiendo del perfil por el que intentaba salir el Burgos— eran los encargados de ejercer esa presión alta, generando un 6 contra 5 que el conjunto burgalés no fue capaz de descifrar en ninguna fase del encuentro.
Otra de las grandes diferencias respecto a cursos anteriores estuvo en la forma que tuvo el conjunto gijonés de defender el resultado. Lejos de replegarse, los rojiblancos mantuvieron la presión alta durante todo el encuentro, haciendo muy difícil que el Burgos pudiera dominar ninguna fase del partido.
Gran parte de esta presión pudo mantenerse gracias a otra de las grandes diferencias que tiene este Sporting respecto a otros años: el banquillo. Entraron al terreno de juego Nacho Martín, con unos magníficos minutos, Pablo García, Gaspar, Sarco y Ferreres, dando aire al equipo y permitiendo que, pese al cansancio acumulado, el Sporting mantuviera la pelota lejos de su propia área.
Solo en los últimos minutos, con el cambio del Burgos a un 1-4-4-2 y un juego más directo, el conjunto burgalés logró acercarse al área rojiblanca, aunque sin demasiado éxito ante unos centrales que estuvieron rozando la perfección.
Queda mucha temporada por jugarse, pero está claro que Larcamón el domingo se jugaba algo más que tres puntos en El Molinón. El técnico sale reforzado de un partido en el que los rojiblancos recuperaron buena parte de la identidad que se había prometido durante la pretemporada.

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