
Cambios de jugadores y de esquema en el Sporting para recibir al Celta Fortuna, con algunas bajas también. Larcamón decidió volver a una defensa de cinco, formando con un 1-5-2-3 para emparejar el mismo esquema del equipo rival.
Pese a ello, el partido comenzó como viene siendo habitual. Error grosero de un defensa —Guille, en este caso— para empezar el partido por detrás en el marcador cuando apenas había pasado nada en el encuentro.
A partir de ahí, y a pesar de tener unos minutos de cierta zozobra, ocurrió una de las cosas positivas del partido. El Sporting supo reaccionar a través de actuaciones notables de algunos jugadores en una situación que era complicada tanto futbolística como emocionalmente.
Cuenca, Manu y Casas demostraron ser jugadores a los que no les queman estas situaciones y dieron un paso al frente para que el Sporting pudiera entrar en el partido. Un error grosero del Celta tras una buena presión y una mejor definición de Casas igualó el encuentro y, justo antes del descanso, una combinación entre Casas y Manu hizo que el Sporting se pusiera por delante y que el Celta Fortuna se quedara con diez para toda la segunda mitad.
En esos minutos finales de la primera parte se vio un cambio de idea en el juego, con un Manu muy protagonista en el centro del campo, siendo mucho más vertical y consiguiendo romper líneas tanto con pases verticales como con conducciones.
Merece una mención especial la gran clase que demostró Casas jugando de espaldas y convirtiéndose en una auténtica pesadilla para la defensa celtarra. La asociación Prendes-Manu-Casas generó cierto desconcierto y peligro en el Celta, y quizás esa sea la mejor noticia de la primera parte.

Tras el descanso llegó la lesión de Casas y un triple cambio por gestión de cargas. El Sporting dominó el juego y la posesión durante los primeros minutos de la segunda mitad y, tras un gran pase de Manu para el jovencísimo Mata y una gran jugada del canterano, donde demostró una calma que un jugador tan joven no suele tener, Guille marcó el que parecía el gol de la tranquilidad.
Y hasta aquí las buenas noticias.
A partir de ese momento, el Sporting dio una auténtica masterclass de cómo no defender un resultado cómodo, jugando en casa y con un jugador más. Cierto es que el once que tenía en ese momento el Sporting era un equipo de circunstancias, pero la gestión del resultado fue pésima, rozando el ridículo durante varios minutos.
Los rojiblancos no fueron capaces de hacerse con la posesión del balón, tampoco de defender con seguridad ante un equipo en inferioridad y el colmo llegó cuando eran los propios jugadores locales los que pedían físicamente el final del partido.
Y en una de esas jugadas llegó el 3-2 definitivo, que hizo que buena parte de El Molinón sufriera durante los últimos minutos mucho más de lo debido.

No todo es tan malo como parece, de todas formas, en un campo que tiende a dramatizarlo todo en exceso. Pero esta forma de gestionar los resultados debe cambiar urgentemente, al igual que el aspecto físico del equipo asturiano, que volvió a mostrar síntomas preocupantes en el tramo final.
Por quedarse con lo positivo del encuentro, este Sporting es capaz de ganar jugando mal, algo muy importante en la categoría de plata del fútbol español. Trece puntos de veinticuatro posibles y octava posición, a un punto del playoff, son un botín muy bueno dadas las bajas y las sensaciones que está dejando un equipo que solo puede ir a mejor en cuanto al juego.
Siendo prácticos, el Sporting está donde tiene que estar después de ocho jornadas disputadas.

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